Luego de la La Orden del Fénix, discreta quinta entrega de la saga, podía esperarse de manos del mismo director (el inglés David Yates) un sexto episodio sin grandes riesgos ni sorpresas. Por suerte, los prejuicios quedan aquí sepultados por una película que no sólo sostiene con buenos recursos el interés y el suspenso durante las dos horas y media de relato sino que además profundiza aspectos que se venían insinuando sin demasiados hallazgos en los últimos dos films.En principio, los personajes (y sus actores, claro) han abandonado cierta inocencia propia de sus aventuras infantiles para convertirse ya de forma definitiva en adolescentes que toman sus vidas (y sus riesgos) de manera más consciente y adulta. Es interesante, en este sentido, ver cómo los tres intérpretes protagónicos (Daniel Radcliffe, Emma Watson y Rupert Grint) han ido cambiando sus rostros, sus físicos y sus gestos para convertirse en estrellas juveniles con vuelo propio.
Las búsquedas, deseos, confusiones, contradicciones y miserias del período adolescente encuentran por fin una buena conexión entre las exigencias fantásticas de la historia central y el mundo interno de cada uno de los personajes. El regreso del guionista Steve Kloves, que no había trabajado en La Orden del Fénix, permite plantear y desarrollar con bastante sensibilidad y profundidad el universo de seducciones, rechazos, celos, envidias, competencias, inseguridades y equívocos que se da en todo universo juvenil como el de la escuela de magia de Hogwarts.
Tensa oscuridad
Más allá de ese costado más íntimo, la película también alcanza un gran sentido del espectáculo sin por eso regodearse (ni refugiarse) en sofisticados efectos visuales generados por computadora, que aquí ?más allá de un despliegue muchas veces impactante? resultan siempre funcionales a la narración.
El tercer aspecto que hace de El misterio del príncipe un film que recupera la tensión, la negrura y la pulsión cinematográfica de El prisionero de Azkabán es la ascensión al centro de la escena de dos grandes actores como Michael Gambon y Alan Rickman para dar vida al duelo entre Albus Dumbledore y Severus Snape. La principal incorporación de este sexto capítulo es Jim Broadbent, como el profesor Horace Slughorn, que regresa de su retiro para que Harry Potter pueda conocer algunos oscuros secretos de su pasado.
La solidez de la película, el crecimiento de los personajes, la precisión quirúrgica con que el guionista Kloves ha diseccionado las casi 800 páginas del libro y el poderoso final hacen aguardar ahora sí con esperanza las dos últimas películas de la saga en que se dividirá la novela final de H. K. Rowling, Las reliquias de la muerte, otra vez con la dupla Yates-Kloves como máximos responsables.
Diego Batlle para Diario "La Nación"


























