Claude Chabrol cuenta en su vasta filmografía con títulos memorables como “Los primos”, “La ruptura”, “Un asunto de mujeres” o “La ceremonia”. Alumno dilecto del gran Hitchcock, sabe introducirnos en cada historia sin estridencias. Este es un film de cámara, para abordar de a poco. Depardieu, rechoncho y con aire de fatiga, se hace cargo de Paul Bellamy, un veterano policía de provincia, que parece estar de vuelta de todo. La cámara de entrada lo sorprende en su casa, dormido frente al televisor, cuando estaba a punto de resolver un crucigrama. Bellamy está de vacaciones en casa de Françoise, su mujer, pero un buen sabueso nunca descansa. Chabrol, que dirige por primera vez a Depardieu, ha confesado que su película es una suerte de homenaje a Georges Simenon y a su célebre personaje, el inspector Maigret. Tras su aparente pachorra, Bellamy ve todo y sospecha de todos. La aparente armonía en la que se mueve estalla de pronto con la llegada de Jacques, su medio hermano. Alcohólico, sin rumbo, Jacques va a complicarle seriamente la vida al policía, junto con el arribo de un desconocido que golpea a su puerta pidiendo protección. Bellamy parece estar en edad de convertirse en padre de todos los desesperados que andan por ahí. Como en otras ocasiones, Chabrol sitúa la acción en una ciudad del interior de Francia, uno de esos sitios de aspecto apacible, pero donde puede estallar el infierno a la vuelta de la esquina. El film es un regalo del cielo para Gérard Depardieu, un actor de raza que estaba pidiendo una vez más un director a su altura. Juntos anudan un policial diferente.Por: JORGE CARNEVALE Para: Revista Noticias
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