Esta comedia de gran éxito comercial en los Estados Unidos resulta muy paradójica: en su primera hora se propone como una mirada cínica e impiadosa (por momentos despiadada) sobre las miserias, lugares comunes y contradicciones que afloran durante las fiestas de fin de año, mientras que en su media hora final da un brusco e inesperado giro para convertirse en una reivindicación sentimental de los valores tradicionales de la Navidad y la familia.No es que esté mal reírse de o exaltar a las celebraciones que cada año propician el reencuentro de parientes cercanos y lejanos. Lo que sorprende es que una comedia que en principio surge como negra y revulsiva se convierta casi sin escalas en una muy convencional y tranquilizadora. Así, no sólo dilapida buena parte de sus no pocos logros en el terreno humorístico e interpretativo, sino que además corre el riesgo de no convencer ni a los cultores de la sátira en la línea de Un Santa no tan santo ni a los que prefieren, en cambio, un espíritu más clásico y un tono más emotivo que remite al cine de Frank Capra.
Kate (Reese Witherspoon) y Brad (Vince Vaughn) tienen un buen pasar en San Francisco (él es un exitoso abogado), llevan tres años juntos y parecen estar de acuerdo en todo: les gusta viajar, bailar, tener aventuras sexuales, evitar a sus respectivas familias y ni pensar en casarse o en tener hijos. Cuando llega el fin de año, deciden viajar a Fiji y así huir de los compromisos festivos, pero una niebla amenazante cubre la ciudad y obliga a cancelar todos los vuelos. La sucesión de enredos hace que la pareja no tenga más remedio que pasar por primera vez la Navidad visitando a las cuatro familias (una más disfuncional y caótica que la otra) producto de divorcios y nuevos matrimonios: la del padre de él (el gran Robert Duvall), la de la madre de ella (Mary Steenburgen), la de la madre de él (Sissy Spacek) y la del padre de ella (Jon Voight).
La película tiene gags logrados (y de los otros), pero también unos cuantos pasajes en los que los personajes sufren todo tipo de humillaciones y crueldades. Los protagonistas y los personajes secundarios sobrellevan con gran soltura tanto las situaciones más absurdas y patéticas como las más sentimentales. No hay en Navidad sin los suegros grandes destellos ni tropiezos, aunque ?quedó dicho? el cambio de tono que el director Seth Gordon y los cuatro guionistas le imprimen al desenlace deja una inevitable sensación agridulce y hasta de cierta perplejidad.
Critica De Diego Batlle para Diario La Nación
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