domingo, 25 de octubre de 2009

El Primer Dia del Resto de Nuestras Vida (Francia 2008)

Aun con su profusión de anécdotas, sus frecuentes rupturas de tono, sus abundantes guiños cinematográficos o literarios, sus diálogos elaborados y su estructura calidoscópica, los films de Arnaud Desplechin poseen un extraño magnetismo. Procede, probablemente, de sus fascinantes personajes y de la maestría y la penetración (no carente de ternura) con que examina las complejas relaciones que existen entre ellos, en el fondo de las cuales sabe descubrir toda clase de sentimientos: afectos, complicidades, rivalidades, rencores, desconfianzas. Relatos como el de este cuento de Navidad son necesariamente corales porque aquellas pulsiones interiores de incierto origen sólo se revelan (y a veces desnudan su razón de ser) en el contacto de unos con otros.

Tragicomedia familiar
La filiación, la enfermedad, el duelo y la imposibilidad de entender la propia conducta son algunos temas de esta tragicomedia familiar en la que se ama con violencia y se discrepa con dulzura. Hay en el principio una historia dolorosa: Abel y Junon son padres de dos hijos, el menor de los cuales enferma y necesita un trasplante. Nadie en la familia es compatible, ni siquiera el nuevo bebe que ellos conciben con ese propósito. El chico muere, pero con el nacimiento de un último hijo, el duelo parece superado.

Ese drama es sólo el comienzo y puede dar una idea de la complejidad de la trama, desarrollada muchos años más tarde, cuando el clan entero (incluido el tercer hijo, la oveja negra de la familia) se reúne para Navidad en la casa de Roubaix porque es la madre quien padece ahora una rara forma de leucemia y necesita un donante.

La densa tempestad de sentimientos que se desata entonces es, sin embargo, poco ruidosa. Los ajustes de cuentas (entre la hija mayor y el hermano que no cumplió con su función de salvador, entre éste y la madre desamorada, entre la mujer casada con el hijo menor y el hombre que prefirió callar su amor) se dirimen casi siempre en palabras, expresadas con cierta dulzura. A Desplechin le gusta explorar el doble fondo de las relaciones familiares y así lo consigue de un modo más sutil y provocador, sin privarse de emplear un humor a veces absurdo ni ahorrar referencias de tipo psicoanalítico, religioso o filosófico.

Tanto material puesto en juego puede resultar abrumador, pero es tan admirable el elenco, tan seguro y virtuoso el lenguaje de Desplechin y tanta la verdad que transmiten sus personajes, que cuesta abandonarlos al cabo de dos horas y media que pasan sin pesar pero no sin dejar su huella.

Por: Fernando López Para: Diario "La Nación"

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