Los secretos del poder trae de regreso al clásico periodista con alma de detective; un hombre tan apasionado por su oficio que por sus venas debe de correr tinta, y tan empecinado por descubrir la Verdad que no repara en los poderes que enfrenta ni en los riesgos a que se expone. El film gira en torno de la complicada confabulación que él se empeña en desenredar cuando un viejo amigo suyo, actual diputado y adalid de la lucha contra la corrupción, se ve en problemas y requiere su ayuda. Pero si Cal es quien lleva el peso de la acción, la verdadera heroína del relato es la prensa gráfica, que abre y cierra el cuento y cuya condición de pilar insustituible del sistema democrático se exalta.Entre políticos (honestos o venales), policías, editores bajo presión por la competencia de los medios audiovisuales y periodistas (del diario de Washington en cuestión o del blog con el que conviven) transcurre, pues, este impetuoso thriller que se inicia a toda marcha y sostiene el interés hasta el final. Con tanto nervio y coherencia como para que no haya tiempo de advertir que en la trama se filtran unos cuantos clichés y que algunos giros sorpresivos (sobre todo al final) suenan excesivos. La historia procede de una miniserie de la BBC que los adaptadores (entre ellos Tony Gilroy, el de Michael Clayton ) supieron ceñir al formato de dos horas. Se inicia con dos episodios casi simultáneos: un ratero perseguido y asesinado, la muerte dudosamente accidental de una muchacha que cae a las vías del subte y que trabajaba (o tal vez algo más) con el diputado. Y se interna después en una maraña conspirativa en la que los dos casos se relacionan con una corporación monopólica similar a la famosa Halliburton de la era Bush, con políticos corruptos, temibles ex soldados, agentes de relaciones públicas vendidos y pusilánimes y otros personajes de doble faz.
El film no tiene veleidades, aunque toque temas como compromiso, ética, negocio y el estado actual de la prensa: busca entretener y lo logra eficazmente gracias a un guión lleno de apuntes y subtramas que lo enriquecen, un ritmo nervioso que apuntala el suspenso y un elenco notable (Crowe, Mirren, Affleck, McAdams) que presta espesor a personajes apenas esbozados. El viejo romance entre Hollywood y la prensa, se ve, es inagotable.
De: Fernando López Para: Diario "La Nación"
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