sábado, 5 de diciembre de 2009

Cous cous, la gran cena (Francia 2007)

Amor, piedad y compasión son las tres vertientes en que se apoya este tercer largometraje del director tunecino Abdellatif Kechiche quien aquí radiografía la historia de un hombre introvertido dispuesto a escapar de ese micromundo que lo agobia y lo desampara. Beiji, su principal protagonista, es obrero de un astillero de la ciudad de Sete, a orillas del Mediterráneo francés. Tiene 60 años y está desgastado por un trabajo que se le fue haciendo cada día más insoportable, a lo que debe sumar una familia que debe mantener a pesar de estar divorciado.

Las dificultades económicas comienzan a agobiarlo y Beiji decide abrir su propio negocio, un restaurante de comida árabe y para ello arrienda un viejo barco que, con la ayuda de sus hijos y de algunos amigos, convierte en un agradable lugar. Pese a las dificultades burocráticas que le imponen las autoridades, Beiji va concretando su sueño y, al mismo tiempo, va uniendo a su desperdigada familia dentro de ese plan que se transforma para todos en un símbolo de la búsqueda de una vida mejor.




Esclavitud moderna
El realizador Abdelhamid Kechiche, de quien se recuerda Juegos de amor esquivo , su anterior producción, logra con Cous cous, la gran cena esa clase de cálida historia acerca de personajes que luchan por escapar de la esclavitud moderna. Aquí el protagonista es alguien ya mayor que deberá luchar para que su camino se abra hacia la esperanza. Es árabe y pobre y desea construir algo grande con el objeto de recuperar su dignidad y ayudar a los suyos.

Entre el patetismo de su personaje central y el coro familiar que lo rodea, el realizador logró un emotivo friso por el que transitan todos quienes aparecen en este entramado que habla de comprensión, de humildad y de dolor. Abdelhamid Kechiche se apoyó en la excelente labor de Habib Boufares a quien acompaña un elenco de notables matices dramáticos. Con ellos, sumado a una fotografía de notable calidad y a una música de tenues melodías, el director supo acercarse a esos personajes que ama y a los que dota de la simple pero nunca fácil tarea de infundirles calor y humanidad.

Critica de Adolfo C. Martínez para Diario La Nación

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