Casi una rareza. Una historia sobre adolescentes latinos de los barrios bajos de Manhattan en la que no aparecen pandillas, armas ni drogas y cuando se habla de sexo es para mostrar -con honestidad y ternura- los temores, las vacilaciones y los pequeños tropiezos de chicos y chicas que están aprendiendo el juego del amor. Lejos del chiste fácil de las comedias "picarescas" y aún más de los lugares comunes de la rebeldía juvenil según Hollywood, Educando a Víctor Vargas es la sencilla crónica del verano en que un teenager de origen dominicano evoluciona de aspirante a Don Juan que se cree irresistible a enamorado Romeo que descubre que sólo mostrándose tal cual es será capaz de llegar al corazón de su dama. En el proceso también aprenderá a manejar los conflictos con su familia (sus dos hermanos y su abuela) y dejará atrás al chiquilín juguetón e irresponsable para asumir, con cierta madurez, el papel que le cabe.Peter Sollett habla de lo que ha vivido y lo reproduce gracias a la sencilla fluidez de su línea narrativa y a la improvisación de actores no profesionales familiarizados con un ambiente que ha formado parte de su propia experiencia. (Parte del elenco ya había participado del premiado corto de Sollett que está en el origen de esta producción hecha con poco dinero y mucha pasión.)
A personajes tan auténticos y tan reales no hace falta manipularlos para empujarlos a situaciones de comedia, de humor o de drama: la risa y la emoción llegan naturalmente. Sollett es tan sensible y tan inteligente como para limitarse a observarlos con honestidad y empatía. También lo es para eludir datos identificatorios de tiempo o lugar: su historia convence y conmueve porque es común a muchos: está más allá de diferencias étnicas o sociales. Que se trate de una matrona dominicana educada a la antigua y de los tres nietos que ha debido criar (Víctor, el protagonista; su hermano apenas salido de la pubertad y favorito de la abuela y su obesa hermana que vive sentada en un sofá, al lado del teléfono), o que habiten un estrecho departamento del East Side no son elementos determinantes, aunque fortalecen la verdad que rezuma el cuento, en el que, detrás del laborioso romance de Víctor con la chica más linda del barrio, se desarrollan otros amoríos no menos conflictivos.
El admirable elenco derrocha frescura y naturalidad, pero hay que destacar la transparencia de Víctor Razuk (Víctor) y la desenvoltura de Altagracia Guzmán, que se adueña de todas las escenas en que aparece.
Por: Fernando López Para: Diario "La Nación"
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